Los más de treinta años de historia de Pokémon nos han dejado innumerables tramas narrativas. A la saga siempre le ha gustado emocionarnos, conmovernos o hacernos reír, pero hay una cosa que también ha sabido lograr y de la que no se habla tanto: provocarnos confusión, rechazo o incluso miedo.
¿Qué mejor mes que el de octubre para repasar las historias más macabras del extensísimo recopilatorio de Pokémon? En esta pequeña sección, semana a semana, os narraremos los sucesos más perturbadores de los juegos, y esperamos que, juntos, descubramos que Pokémon es mucho más que atrapar criaturas y coleccionar Medallas de gimnasio. Su amplio folklore guarda mucho más.
Abrimos, pues, el expediente Pokémon.
Mucho más que un creepypasta
Para nuestro primer capítulo, no se nos ocurre nada mejor que iniciar la andadura en Kanto. Y si pensamos en la primera región de Pokémon, es inevitable que nuestra vista se dirija a Pueblo Lavanda, un lugar tan pequeño como misterioso.
Pero aquí no vamos a hablar sobre creepypastas o leyendas urbanas, porque la macabra leyenda de este pueblo no necesita valerse de ellas para ser suficientemente aterradora, y ese cuento está ya muy manido. Si nos ceñimos a los juegos en los que aparece esta zona, comprobaremos rápidamente que la sensación de desasosiego que produce no es infundada por historietas de internet.
Empecemos, pues, a recopilar la historia de Pueblo Lavanda.
Pueblo Lavanda, el lugar donde los Pokémon descansan
Hay muchas áreas de Kanto que recordamos con cariño. Pueblo Paleta, el inicio de la andadura, por poner un ejemplo. Cuántas rutas y ciudades se han visto recorridas una y otra vez en busca de nuevas criaturas… Pero, entre ellas, se encuentra Pueblo Lavanda.
Una vez llegamos allí, la música ya parece advertirnos que algo no va bien. Es lógico, sin escondites se nos comunica rápidamente que este lugar es un remanso de paz, un sitio al que los entrenadores acuden para despedirse de sus Compañeros Pokémon, y en el que su torre guarda miles de recuerdos de aventura.
Es el lugar ideal para que Pokémon nos demuestre que, incluso en un mundo lleno de fantasía, criaturas extraordinarias y momento inolvidables, también hay espacio para la pérdida, el dolor e incluso el miedo.
Pero, ¿creéis que Pueblo Lavanda es tan siniestro solamente por ser el cementerio de los Pokémon? Por supuesto que no…
La torre que lo preside todo
En Pueblo Lavanda no hay gimnasio, ni apenas combates. Lo que preside la zona es la Torre Pokémon, el edificio dedicado a los Pokémon fallecidos. La muerte lo copa todo en este lugar, es imposible ignorarla. La tragedia de las historias de los difuntos compañeros, además, es inigualable a la de ningún otro sitio.
Según ascendemos la torre, nos encontraremos a muchos entrenadores, la mayoría exorcistas, que nos hablarán de espíritus, encuentros con Fantasmas e historias que no son las habituales en un juego de este estilo. Es entonces cuando conocemos la verdad del lugar y el escenario se convierte en algo mucho más personal.
Los fantasmas que no pueden descansar
No solo veremos entrenadores en la Torre, ya que al paso nos saldrán varios espíritus que tratarán de atacarnos. No son simples apariciones. Son Pokémon difuntos que no pueden descansar, que fueron asesinados por el Team Rocket en su escalada violenta por el éxito.
Resulta especialmente enternecedora y macabra la historia de Marowak, uno de estos fantasmas, que fue asesinado por el malvado equipo mientras trataba de proteger a su cría, Cubone.
Si bien esta historia ya es lo suficientemente cruel y terrible, peor es pensar que no nace de una antigua leyenda o una maldición. No hay nada más aterrador que la violencia humana, la codicia de quienes quieren más y, en este caso, pretenden aprovecharse de los Pokémon para sus caprichosos fines.
Los espíritus de Marowak y el resto de Pokémon permanecen en la torre, incapaces de encontrar la paz, y enfrentarnos a ellos en combate supone calmarlos y ayudarles a despedirse. Si lo pensáis, que simplemente un concepto como este exista en el universo Pokémon ya hace que sea mucho más oscuro, ¿verdad?
Y para lograr esta incomodidad no hace falta mostrar nada explícito ni aterrador. Basta con comprender el lugar y lo que está sucediendo en él. Ese es el motivo por el que Pueblo Lavanda marca tanto a quien ha pasado por ahí, y posiblemente lo que ha infundado tantas historias en internet.
La música lo encuadra todo
Por supuesto, la historia de Pueblo Lavanda es imposible de separar de su música. Las notas, lentas, discordantes, agudas, ayudan a que la sensación de desasosiego sea más profunda.
Es la melodía más característica y diferente, sin duda alguna, de toda la saga. No sin razón se ha popularizado tantísimo, hasta el punto de ser la clave de uno de los creepypasta más populares de internet.
Pero, como ya hemos dicho, no es éste el lugar para tratar leyendas urbanas, y la historia es ya sobradamente conocida. La base real de Pueblo Lavanda se sostiene por sí misma como una de las más inquietantes de toda la saga. Y su música también ha logrado (des)entonar a su propia manera tras más de treinta años de melodías.
El motivo real del miedo a Pueblo Lavanda
Como podéis ver, no hay que ir a internet para encontrar perturbadora la historia de este pueblo, y aunque en ediciones posteriores de la historia de Kanto se ha tratado de hacer más amigable la ruta de Lavanda, nos sigue provocando escalofríos.
Pensad que la antigua Torre-cementerio ahora está ocupada por la Torre Radio, y las tumbas Pokémon se han desplazado al sur del pueblo. Sin embargo, al escuchar la famosa melodía, revisar las tumbas o recordar sus historias de espíritus, es imposible no pensar en el miedo pasado. No hacen falta leyendas urbanas para lograrlo.
Si alguna vez volvéis a Kanto, os recomendamos que hagáis ese mismo recorrido y valoréis vosotros mismos qué es lo que tanto incomoda del lugar. ¿Nos daba miedo por las leyendas que escuchamos de él, o es la nostalgia lo que nos perturba?
Con esta pregunta, terminamos este capítulo y cerramos el Expediente Pokémon… por ahora.

